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Nemesio Mogrobejo, la escultura en carne mortal

Autor:
Alfonso Carlos Saiz Valdivielso
Precio:
15 €
Nª de páginas:
171
Encuadernación:
Editorial:
Muelle de Uribitarte Editores
Idioma:
Temática:
Bilbaínos Recuperados

Sinopsis:

Nemesio Mogrobejo Abasolo protagoniza el presente libro avalado por su calidad de artista singular. Su autor lo presenta como un bilbaino al que un ambiente cultural estrecho, opaco y frío se empeñó en ignorar, a pesar de lo cual “fue escultor del ser humano, implicado en la mitología y en la realidad tremolante del vivir”. Miguel de Unamuno hablaba de un hombre que se creía regresado del Renacimiento italiano, aunque perdido en una sociedad que no era la suya. Clásico por naturaleza, sostuvo un esfuerzo encarnizado en busca de la perfección creativa, según predica la opinión autorizada de Juan de la Encina.

Esculpió en carne mortal, que no en idea, pues su proclama estética, a veces inasumida en determinados ámbitos, afirmaba la grandeza de la forma y lo hermoso de los planos íntimos. Y aunque José María Salaverría se empeñara en decir que en el arte de modelar griegos y florentinos renacentistas habían escrito ya la última palabra, Mogrobejo añadió al empeño por esculpir un espíritu moderno marcado de un indudable toque simbolista.

Su obra está hoy dispersa por Europa, si bien permanecen entre nosotros considerables testimonios de sus afanes, adscritos a colecciones particulares y al Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Alfonso Carlos Saiz Valdivielso introduce ahora la semblanza vital del artista, a través de una prosa cuidada y sutil, cuajada de matices, que solventa a la perfección el propósito de proponer un ensayo biográfico construido desde vigorosas secuencias, plenas de atractivo. Es decir, el lector asiste a una narración viva, a veces no exenta de desgarro, cuyo personaje central aparece desnudo de cualquier artificio, frágil como humano pero inmenso en su condición involuntaria de héroe tempranamente arrebatado.
Bilbao, tristemente, sólo reconoció su talento y su grandeza una vez muerto, y luego pasó a olvidarle de inmediato. De ahí que recuperar su memoria haya constituido un acto de estricta justicia.

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