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Alejandro de la Sota, un dandy bilbaino

Autor:
María Jesús Cava Mesa
Precio:
15 €
Nª de páginas:
245
Encuadernación:
Tapa blanda
Editorial:
Muelle de Uribitarte Editores
Idioma:
Español
Temática:
Bilbaínos Recuperados

Sinopsis:

Alejandro de la Sota y Aburto se definía como bilbaino por encima de todo. Y de tal ejerció de por vida, sin que en un solo momento hiciera abstracción de su procedencia. Como cuenta la autora de la biografía que ahora se presenta, “su dimensón de hombre culto, religioso, generoso y amante de las tradiciones, es lugar común de todo retazo descriptivo de su persona que haya llegado hasta nosotros”.

Bochero vocacional, aunque de formación netamente inglesa, Don Alejandro cultivó sus amistades con exquisito cuidado.
Frecuentador impaciente de la mejor litaratura, también el periodismo constituyó para él una actividad vivida con pasión, y fue en la prensa donde dejó escritos sus testimonios más personales que nos hablan de la vida misma, hecha de pinceladas costumbristas con sabor sietecallero, o de sabrosas descripciones deportivas a cuenta del fútbol y del ciclismo.

En Hermes, el proyecto editorial más valioso del panorama cultural vasco a principios del pasado siglo, reflejó con pluma ágil y detallista su experiencia inglesa, a través de un anecdotario ligado por contraste a la Villa, que hoy se nos antoja de conocimiento imprescindible.

Joaquín de Zuazagoitia, compañero de aventuras juveniles y amigo irrenunciado en los amargos tiempos postbélicos, dijo de él que “Alejandro lleva dentro un sentimental, de ojos fácilmente humedecibles, en los que la luz se descompone e irisa, dando esa flor única de la comprensión y la ternura: la sonrisa, expresión alegre y dolorida a la vez, entre la risa y el llanto”.

Don Alejandro nos habló de todo un mundo lamentablemente irrecuperable, en el que convivían los unamunianos cantones ricos en mercerías, bisuterías y cacharrerías, con los cables leídos en los escritorios, las chirenadas que culminaban parrandas nocturnas, repletas de orfeonistas chacolineros, oficinistas coitaos, concejales de batalla y futbolistas amateurs. Es decir, se dedicó a retratar fielmente un Bilbao que hacía coro festivo a los payasos Rico y Alex, en tanto se mostraba devoto de la Señora de Begoña. El Bilbao que tanto amó.

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