London : New York

Musika : Música 2019

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Del consumo a la producción. Con este lema podría resumirse el proceso fulgurante que aconteció hace un puñado de décadas en Gran Bretaña y en Estados Unidos y que sacó a las musas británicas y estadounidenses del letargo en que habían dormitado durante largo tiempo.

Siendo ambas polo de atracción de artistas -y en ocasiones refugio-, Londres y Nueva York supieron reinventarse y salir del papel de usuarias al que las había relegado el dominio musical del continente europeo, para convertirse en focos radiantes de una creatividad sin cortapisas. Pero el impulso que sacudió las conciencias musicales y alentó su inspiración fue de índole distinta.

Gran Bretaña, históricamente melómana, había tenido a Londres como ciudad pionera en la promoción de una espléndida vida musical: instituciones, producción de estrenos, presentación de virtuosos, edición de novedades. Todo protagonizado por compositores e intérpretes continentales, hasta que comenzaron a buscar una música propia que no obedecía –como en otros lugares de Europa– a reivindicaciones de una identidad nacional, sino a un afán de preservación del folklore ante la industrialización y el urbanismo crecientes. Con una actitud más bien reacia a las rupturas radicales, los compositores británicos miraron al pasado y emprendieron su camino venerando la tradición.

El gran mérito de Estados Unidos fue crear, a partir de elementos heredados de Europa, algo completamente nuevo y fresco, algo específicamente no europeo y accesible, que conectara con la ciudadanía norteamericana. Con la palpitante Nueva York a la cabeza y en alianza con los medios de comunicación, consiguieron que la música clásica dejara de pertenecer a la élite. A través de la radio, las grabaciones, el cine y la televisión, llegaron a audiencias millonarias que se beneficiaron también de ambiciosos y atractivos programas de apreciación musical, estimulantes del apetito del público y de la producción sonora.

Pero Londres y Nueva York, orgullosas de su apertura a la modernidad, tienen otro rasgo en común: su genuina pasión por la música en directo. Británicos y norteamericanos son muy aficionados a deleitarse con pequeños y grandes conciertos, en cualquier momento y en diversos estilos. Esta nueva edición del Festival nos ofrece música en vivo en la órbita de estas dos grandes ciudades. A raudales y en múltiples formatos. Disfrútenla.