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Izen, Izan

Izen, Izan

Fecha
20/12/18 - 5/01/19
Hora
11:30 - 19:30 Hrs.
Lugar
Bilbao. Atrio Edificio Ensanche
Entrada
Evento Gratuito
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Presentación

“Izen, Izan” Instalación Expositiva sobre Mitología Vasca

Los antiguos vascos decían de los personajes mitológicos que no hay que creer en su existencia, pero tampoco hay que negarla. Al fin y al cabo, según la antigua creencia, todo lo que se nombra existe. Cada cosa tiene su nombre, cada nombre corresponde a una cosa.

Los humanos que durante el Paleolítico vivieron en lo que actualmente son los territorios de Cantabria, País Vasco y Aquitania dejaron huella de representaciones artísticas y religiosas en diversas cuevas. Podría afirmarse que los animales mágicos o totémicos que aparecen ahí representados están en el origen de los mitos vascos.

En la etapa neolítica, la influencia de las culturas indoeuropeas que arribaron a este mismo territorio provocó que la mitología vasca se ampliara con mitos terrestres relacionados con el cielo, las nubes, las fuentes, los ríos, los montes… Así aparecieron Eguzki (Sol) o Ilargi (Luna).

Posteriormente, los mitos aportados por los romanos se fueron incorporando al acervo mitológico vasco que, a su vez, más adelante sería adaptado y transformado de maneras diversas por influjo del cristianismo.

Dominio de lo femenino:

Carácter matriarcal de la mitología vasca

Desde sus inicios, los mitos vascos están plagados de criaturas zooformes: caballos, toros, jabalíes, cabras, carneros, culebras… que habitan ciertas cuevas. Sin embargo, sobre todos ellos reina un ser femenino con forma humana: Mari. De esta circunstancia cabe inferir que, en sus orígenes, la mitología vasca tuvo un carácter matriarcal.

Hay criaturas celestes como Ortzi o Urtzi (Cielo), Eguzki o Eki (Sol) e Ilargi (Luna). Sol y Luna son entidades femeninas, hijas ambas de Ama Lur (Madre Tierra), a cuyo regazo regresan tras su periplo diario por el cielo. También Hodei pertenece al reino celeste; es el genio de los truenos, rayos y tormentas. Para protegerse de sus amenazas se coloca un hacha con el filo hacia arriba en la entrada principal de las casas.

Entre los seres terrestres y subterráneos se encuentran Maju, Sugaar o Sugoi, esposo de Mari, Atarrabi, Mikelats, Etsai, Herensuge, Basajaun, Sorgin, Jentil, Olentzero, Inguma… Entre los acuáticos, los principales son las lamias, tanto fluviales como marítimas. Y entre los vinculados al fuego cabe citar a Eate u Orots, que provoca incendios, tormentas y otros desastres.

Todos ellos tienen nombre, y, por consiguiente, existencia. Y jamás ha de decirse de ellos que no existen.

Juan Kruz Igerabide

Personajes Mitológicos

Mari

Mari es la diosa principal de la mitología vasca. Habita en diversos lugares, y en cada uno de ellos adopta un nombre más o menos distinto: Mari de Txindoki, Mari de Mundo, Mari de Muru, Marimur, Mariarrika, Andre Mari de Muno, Dama de Putxerri, Mujer Blanca del Camino, Damatxo, Gonagorri (Faldarroja), Dama de Amboto…

La diosa viaja a través del aire sentada en un carro tirado por cuatro caballos, con una cola de fuego, echando chispas y dejando una estela de humo. Otras veces cruza el cielo tumbada y envuelta en fuego. Pero también ha sido vista montada sobre un carnero, en una escoba, o arrastrando cadenas y emitiendo un ruido delator. Se sabe que cuando Mari se detiene en el monte Amboto, provoca copiosas lluvias. Cuando está en el Aloña, en cambio, origina prolongadas sequías.

Elegante, se la conoce sobre todo vestida de rojo, aunque de cuando en cuando toma la forma de una mujer gigantesca con una luna llena sobre la cabeza. A veces tiene patas de ave; otras, de cabra. En otras ocasiones se ha convertido en un árbol ardiendo, en una nube blanca, en una bola de fuego, en una hoz de fuego e incluso en arcoíris. Solo si aparece bajo tierra, en las cuevas, puede adoptar también formas animales: macho cabrío, caballo, ternera, cuervo o buitre. En un tiempo remoto Mari congenió con los humanos e incluso tuvo relaciones con ellos, por ejemplo con el cazador don Diego Lope de Haro, Señor de Vizcaya.

Mari es la diosa que está en todas partes y que puede adoptar formas diversas. Es la reina de la mitología vasca. La primera.

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Mari

Maju, Sugaar edo Sugoi

Maju es el esposo de Mari. Él la visita todos los viernes, a las dos de la tarde, y entonces le peina el cabello. Pero sus encuentros también pueden desencadenar tormentas espantosas. Como Mari, Maju adopta varias formas. Puede tomar la misma apariencia que ella o presentarse como una culebra macho.

Cuando ocurre esto, se le conoce con el nombre de Sugaar. Entonces es puro fuego y no se le ve ni la cabeza ni la cola; parece un rayo y la gente lo confunde con un diablo. Excepcionalmente puede mostrarse con forma humana.

Normalmente vive bajo tierra y se asoma a la superficie a través de ciertas cuevas: Agamunda y Arrateta en Ataun, Sugaarzulo de Balerdi en Aralar… Si habita en la sima de Balzola, toma el nombre de Sugoi y actúa como señor de las lamias. Y cuando cruza el cielo en forma de hoz de fuego o de media luna, es señal de que se acerca una tormenta.

Maju y Mari son padres de dos hijas, que acompañan a su madre en su aposento, y de dos hijos: uno benévolo, Atarrabi, y otro malvado, Mikelats.

Según la leyenda Sugaar también mantuvo relaciones con una princesa de Mundaka, que dio a luz a un niño, el que fuera señor de Bizkaia: Jaun Zuria.

Maju es el esposo de Mari y padre de sus hijos e hijas. Aparece como culebra macho –Sugaar–, a veces con forma de fuego, y otras veces como señor de las lamias –Sugoi–.

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Maju, Sugaar edo Sugoi

Basajaun eta Basandere

Basajaun y su esposa Basandere habitan en el seno de los bosques y a veces en el interior de las cuevas. Protegen a los rebaños y por eso, cuando se acerca una tormenta, gritan desde las montañas para que los pastores pongan sus animales a buen recaudo. Si Basajaun está cerca, todo el rebaño hace sonar sus cencerros. Ningún lobo se acercará y el pastor podrá retirarse a dormir tranquilamente.

Ambos, Basajaun y Basandere, tienen apariencia humana, pero son mucho más grandes y tienen el cuerpo y la cara cubiertos de un pelo largo que les llega hasta las rodillas. Uno de sus pies es semejante al de los humanos, el otro es redondo. A menudo Basandere se sienta a la entrada de la cueva y peina su largo cabello, al estilo de las lamias. Como ellas, se enfurece si alguien roba su peine.

La fuerza descomunal y la agilidad increíble de Basajaun han hecho que muchos le tengan miedo y crean que es un ser maligno. Se dice que fue el primer agricultor del mundo, el primer herrero, el primer molinero… Se cree que los humanos le arrebataron todas esas técnicas y que aprendieron de él a fabricar los ejes de los molinos, las sierras y otras herramientas de metal.

Basajaun, primer agricultor, primer herrero y primer molinero del mundo.

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Basajaun eta Basandere

Sorginak

La palabra Sorgin hace referencia a las mujeres magas. También se las conoce con el nombre de belagile. Con sus maleficios y hechizos, las brujas pueden echar a perder una cosecha, averiar los molinos y parar las ferrerías; pueden provocar enfermedades, males de ojo, muertes misteriosas de niños e incluso hacer naufragar a los pesqueros.

Las señales más claras que delatan a las brujas son que no tienen ningún lunar en la piel y que doblan el dedo gordo hasta la muñeca. Aparte de eso, pueden adoptar otras formas, sobre todo animales. Lo más frecuente es que se conviertan en gato, pero a veces también se muestran como un perro, un buey, un cerdo o un carnero. Una cosa las delata, y es que siempre les falta algún miembro del cuerpo: un pie, la cola, la cabeza… Si se quiere golpear a una bruja, nunca hay que hacerlo directamente, sino a su sombra. Y no se la puede golpear dos veces o en número par. Tampoco hay que llamarla tres veces.

Igualmente hay que tener cuidado porque, a veces, algunas circunstancias pueden convertir a una persona en bruja. Por ejemplo, dar tres vueltas alrededor de una iglesia, estar mal bautizada, ponerse la ropa de otra bruja, tocarla… o formar una cruz con los pies pronunciando: «Porla se, zalpate, funte fa, funte fi, chiri, biri, tráela, tráela, amen».

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Sorginak

Eguzki eta Ilargi

El Sol y la Luna son divinidades femeninas, hijas de Ama Lur (la Tierra). También se las conoce como Eki (Sol) y Argizagi (Luna). El Sol ahuyenta a los espíritus malignos. Son los gaueko (los que se manifiestan de noche), que pierden su poder al amanecer. Al anochecer, se dice que el Sol se retira al seno de la Tierra: «Eguzki amandrea badoa bere amangana» (La abuela/ madrina Sol va donde su madre).

Entonces, cuando asoma por Oriente, a Ilargi amandre (la abuela/madrina Luna) se le pregunta: «Ilargi amandrea, zeruan ze berri?» (Luna abuela/ madrina; ¿qué nuevas traes del cielo?). La misma pregunta se le hace a Mantalgorri o Marigorri (la mariquita coccinella), símbolo de la Luna: «Amona Mantalgorri: zeruan zer berri?» (Abuela Mariquita: ¿qué nuevas traes del cielo?).

El nombre Ilargi significa ‘luz de los muertos’ (hil argi) y procede de una antigua creencia según la cual la Luna alumbra las almas de los difuntos. Por eso también se la conoce como Argizagi, palabra derivada de argizari (cera) y relacionada con las velas que se encienden para iluminar a los antepasados.

El viernes es el día de la Luna, en el que se reúnen preferentemente las brujas y los brujos. Por eso, los objetos mágicos de las personas embrujadas deben ser quemados los viernes, a la luz de la luna y en una encrucijada de caminos.

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Eguzki eta Ilargi

Lur, Ama Lur

La Tierra es un enorme receptáculo en el que moran las almas y la mayor parte de los seres mitológicos. Es la madre del Sol y de la Luna, quien las acoge en su seno tras su periplo diario por el cielo, para que lo continúen bajo tierra: el Sol por la noche y la Luna de día, de Occidente a Oriente, por donde asomarán de nuevo al día siguiente.

La Tierra, además, contiene tesoros escondidos y custodiados por animales poderosos, como toros que lanzan fuego por la boca y las narices. Hay montañas y cuevas que esconden un pellejo de buey lleno de oro, protegidos por un genio que no deja acercarse a nadie. Otras cavernas y simas comunican la superficie con el interior: son las puertas de los caminos subterráneos que cruzan el mundo a lo largo y ancho. Por ellos transitan los dragones (Herensuge) que asolan los territorios, a no ser que se les ofrezca una joven doncella como tributo periódico para aplacar sus deseos. También las lamias pasan a veces por debajo de la tierra, para viajar de cueva en cueva o de pozo en pozo.

Ama Lur es la Madre Tierra, en cuyo interior se mueven los seres mitológicos y en cuyo vientre se esconden de día los gaueko, los nocturnos.

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Lur, Ama Lur

Laminak

Las lamias son seres de aspecto humano pero con pies de animal. Viven bajo tierra o en el fondo marino y se asoman a través de ríos y pozos; se las ha visto, entre otros, con patas de cabra, de pato o de gallina. En general tienen un color cobrizo y son de baja estatura.

Algunas pueden enrollarse sobre sí mismas, como los erizos, y pueden alumbrar por la boca, como los ireltxu y los idittu, seres mitológicos semejantes a los duendes. De cintura para abajo, una cola de pez cubre a las que habitan en el mar.

Aunque las lamias suelen ser de sexo femenino, en Lapurdi o Baja Navarra pueden ser tanto machos como hembras y en Zuberoa, aunque son femeninas, tienen sus correspondientes maide, una especie de lamias masculinas.

En la zona de Salvatierra habita un tipo especial de lamias: las amilamias. Estas son bondadosas y cariñosas, nunca hacen daño a nadie y ayudan a los pobres. Tienen el pelo dorado, utilizan herramientas asombrosas y guardan secretos maravillosos. Saben, por ejemplo, cómo obtener harina moviendo rítmicamente un cedazo vacío.

En general, las lamias favorecen a los humanos, a no ser que se les robe algún objeto, como su peine de oro. Hay quien las ha sorprendido sentadas a la orilla de un pozo, mirándose en el agua como en un espejo y peinándose el cabello. Si cuando andan cerca se deja por la noche en la cocina una jarra de sidra, una barra de pan, unas tortas de maíz acompañadas de leche o cuajada, las lamias se lo tomarán todo. Como agradecimiento, trabajarán los campos del caserío.

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Laminak

Calendario

Duración: Desde el 20 de diciembre de 2018 al 5 de enero de 2019

Horario ininterrumpido: De 11:30 a 19:30 Hrs.

*Los días 24 y 31 de diciembre y 5 de enero el horario será de 11:30-17:30 Hrs.

*Los días 25 de diciembre y 1 y 6 de enero permanecerá cerrado.

Dirección artística y espacio: Queralt Suau

Comisariado y autoría de textos: Juan Kruz Igerabide

Edición de contenidos: Sergi Martín

Diseño de iluminación: Guillem Gelabert

Diseño de sonido: Ramon Ciércoles

Construcción escenográfica: Jaume Grau

Diseño gráfico: Opisso

Producción ejecutiva: Esmolet Produkzioak

 

Producción:
FUNDACIÓN BILBAO 700 – III MILENIUM FUNDAZIOA

Patrocinadores / Colaboradores

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